Perspectiva sobre el desarrollo durante los primeros cuatro meses
Los primeros cuatro meses de la vida de un bebé son muy emocionantes para los papás, pero también muy abrumadores si son primerizos. Una criatura recién nacida depende exclusivamente de sus progenitores para la supervivencia.
El periodo de recién nacido (del nacimiento a los cuatro meses) es una etapa en que los padres y cuidadores se esfuerzan mucho por aprender a conocer las señales de su bebé y tratar apropiadamente sus necesidades. Para crecer y desarrollarse bien, los bebés dependen exclusivamente de que sus cuidadores los tranquilicen y les respondan apropiadamente. En realidad, no existe ninguna manera posible de mimar a un bebé. Por lo contrario, cuando los adultos responden a los recién nacidos y satisfacen sus necesidades de manera oportuna y con constancia, los niños aprenden a confiar en sus cuidadores y se dan cuenta de tener un impacto positivo en el mundo. Los niños se aprovechan de dicha confianza y de tales experiencias positivas como cimiento para el desarrollo y el aprendizaje futuros.
La transición desde el vientre de la mamá hasta el mundo puede ser una experiencia bastante dura para una criatura. Por lo tanto, es necesario que los cuidadores sean sensibles y pacientes al tranquilizar y cuidar a sus bebés. Los primeros cuatro meses de vida a veces se llaman “el cuarto trimestre”. Durante estos meses los bebés trabajan principalmente en la maduración del cerebro y sistema nervioso. Duermen durante ratos breves, sin notar mucho si es de noche o de día. Durante este periodo los niños necesitan comer con mucha frecuencia, por lo menos cada dos o tres horas. Los bebés no pueden tranquilizarse a sí mismos y dependen de sus cuidadores para sosegarlos y ayudarles a dormir. Si un bebé nace prematuramente, dicha transición del cuatro trimestre dura aún más mientras hace un esfuerzo extremo por alcanzar una condición de buena salud en la que pueda mantener su temperatura corporal, comer exitosamente y subir de peso.
Durante los primeros cuatro meses, los bebés dependen de que sus cuidadores los mantengan organizados, tranquilos y contentos. Esto se describe como el logro de la homeostasis, la condición en que el bebé se siente más cómodo. No es fácil lograr esta homeostasis y los padres se encuentran poniendo a prueba muchos métodos para tranquilizar a sus hijos. Estos pueden incluir mecerle en la cuna hasta que tiene sueño o darle de pecho a demanda, que es lo más recomendable.
Los bebés usan todos sus sentidos para captar estímulos de su ambiente. Pero siempre existe la posibilidad de que una estimulación excesiva les haga sentir incómodos con los estímulos de su ambiente. Los bebés expresan la estimulación excesiva cuando apartan la vista, lloran, vomitan o tienen hipo. Es necesario que los padres estén muy atentos a tales señales para cambiar el ambiente cuando sea necesario. Esto se puede lograr reduciendo ruidos, apagando las luces o envolviendo al bebé que tiene frío en una manta más gruesa.
Los reflejos
Los niños no llegan totalmente indefensos al mundo. Nacen con varias acciones reflejas instintivas que están diseñadas para la supervivencia. Aquí te presentamos una lista con los reflejos más comunes:
- Mano a boca: el bebé trae el puño a la boca; importante para tranquilizarse y comer
- Palmar: cierra la mano y “agarra” el dedo de un cuidador cuando siente un toque ligero en la palma
- Protector: vuelve la cabeza de un lado a otro y se retuerce si se le acerca un objeto directamente en frente del cuerpo; por ej., aparta la vista para dejar de mirar a un cuidador a los ojos cuando se siente abrumado
- Búsqueda: vuelve la cabeza hacia el sentido de una mejilla cuando se la toca, busca una fuente de alimento
- Succión: empieza a chupar cuando un pezón, un biberón o un dedo se le coloca en la boca y toca el paladar.
Temperamento y personalidad del recién nacido
Los bebés nacen con características singulares de la personalidad, que se llaman el temperamento. Este temperamento influirá en las interacciones que sus cuidadores tienen con el recién nacido. Durante los primeros meses, esas características se pueden ver en la manera de dormir, lo fácil o difícil de tranquilizarlos, la intensidad de sus movimientos y lo alerta que se ponen. La meta principal es la de entender y reconocer las características únicas de un bebé y responderle de manera constante y bien pensada. Esto puede requerir ponerse de pie y mecer un bebé que tiene problemas con seguir dormido. O simplemente poner boca arriba a un bebé que está contento observando sus entornos. Entre más apropiada es la respuesta, más tranquilo estará el bebé.
Las nueve características del temperamento:
- El nivel de actividad se refiere al nivel de la energía física de un niño.
- La regularidad se refiere a lo predecible en las funciones biológicas de los niños (dormir, despertarse, comer, ensuciar el pañal)
- El acercamiento o el retiro se refiere a la reacción de un niño ante personas y/o ambientes desconocidos.
- La adaptabilidad se refiere a la cantidad de tiempo que necesitan los niños para ajustarse a situaciones diferentes.
- El nivel de sensibilidad se refiere a lo fácil en que un niño puede ser perturbado o distraído por cambios sensoriales en el ambiente.
- La intensidad de reacción se refiere a la intensidad de una reacción positiva o negativa.
- El estado de ánimo se refiere a la disposición general de un niño, sea feliz o infeliz.
- La facilidad de distracción se refiere a la tendencia de un niño a seguir enfocándose o a perder el enfoque cuando ocurren interrupciones en el ambiente.
- La duración de la atención y la persistencia se refieren a la cantidad de tiempo en que los niños pueden mantenerse enfocados y seguir con una tarea hasta terminarla.
Este temperamento se irá puliendo y manifestando con mayores matices según avancen los años. De hecho hay rasgos muy marcados que permanecerán incluso en la etapa adulta. No obstante, aunque ya se pueden encontrar algunas pistas, todavía es muy temprano para definir con una certeza bien aproximada los rasgos definitivos de la personalidad y sobre todo el perfil intelectivo futuro de la inteligencia del niño. Debe manifestarse mucha más información, especialmente en los avances relacionados con la motricidad, el lenguaje, la matemática, la introspección, la sociabilidad, la sensibilidad artística y el gusto por los espacios naturales.
Los estados de conciencia
A medida que los cuidadores van acostumbrándose a las señales, los hábitos y el temperamento de su bebé, notarán que hay momentos del día cuando el bebé tiene sueño, está alerta o se queja. Tales comportamientos se describen como estados de conciencia. Hay seis estados en total que los niños experimentan en un ciclo durante el día. Aunque dichos estados pueden parecer algo constantes, ciertamente cambiarán durante el primer mes de vida y durante varios meses después. Los seis estados de conciencia son los siguientes:
- Sueño profundo: el bebé puede ignorar estímulos perturbadores del ambiente; respira de manera profunda y regular.
- Sueño ligero: el sueño es menos profundo y el bebé se mueve; la respiración es menos profunda y más irregular; se sobresalta por los ruidos.
- Somnolencia: los ojos están entre cerrados y el niño puede dormirse.
- Alerta tranquilo: cuando tiene la cara brillante; los movimientos son controlados; la respiración, la cara y la postura del cuerpo indican interés y atención.
- Alerta activo: el niño mueve activamente el cuerpo y la cara.
- Llanto: el bebé llora, se desorganiza y necesita la atención e intervención de su padre o madre.
Es importante que los padres lean atentamente los indicios que manifiestan los bebés durante esos estados para responder de manera sensible. Por ejemplo, al agitar un sonajero ante un bebé que está en un estado somnoliento, se puede hacer que se queje más. Los dos estados de alerta tranquilo y alerta activo son los mejores momentos para el juego y las interacciones que apoyan el aprendizaje y el desarrollo.
Entre los dos meses y los cuatro meses, los bebés experimentan muchos cambios. Se hacen más sociables y se relacionan más con otros. Esto se nota primero con la emergencia de la sonrisa social, entre las seis y ocho semanas de edad. Además de sonreír, los bebés empiezan a arrullar y usar el gorjeo para comunicarse con sus cuidadores. Los reflejos van perdiendo fuerza y los movimientos voluntarios son más comunes.
¿Qué pueden hacer a los cuatro meses de vida?
Al final de los cuatro meses de edad, los bebés podrán:
- Levantar la cabeza y el pecho cuando están boca abajo.
- Abrir y cerrar las manos.
- Batir las manos hacia objetos que están suspendidos.
- Agarrar y agitar objetos.
- Seguir manifestando un interés creciente en las caras humanas.
- Empezar a participar en interacciones sociales.
- Reconocer objetos y personas conocidas desde cierta distancia.
Conclusión: tu amor es lo más importante
Los primeros cuatro meses son muy especiales y los bebés nacen listos para ser sociables. Quiéralos, ríase con ellos y relaciónese con ellos lo más posible. Aproveche los momentos cuando están en alertas y listos para relacionarse. Los cambios de pañales y la hora de bañarse son buenos ejemplos de momentos en que los padres pueden relacionarse con ellos. Cántele, abrácelo, mézalo, arrúllele, sonríele. Todas estas interacciones cariñosas les ayudan a sentirse seguros para aprender.
Esas experiencias de la más tierna infancia son muy importantes y significativas porque quedan en la memoria de forma inconsciente y marcarán de forma definitiva los procesos futuros de la memoria consciente. Los momentos íntimos con los padres desarrollan la formación del apego y son el principio de las relaciones importantes que los niños necesitan para formar fuertes relaciones afectivas y tener un desarrollo bien ordenado.